UTEOE- capitulo 3
Capítulo 4.
Niebla.
En la madrugada Joseph no asistió a sus encuentros con Gerard como es costumbre, mi hermano parecía feliz de poder dormir, su rostro se veía pacifico, creo que Gerard lo está desgastando mucho, pero no entiendo, Gerard me dijo que tenía asuntos importantes por eso no podría visitarlo, pero, si esos asuntos son tan importantes ¿porque no llevo a Joseph con él? siendo que siempre lo involucra.
Gerard, no podía dejar de pensar en el, en el misterio que era, en su personalidad misteriosa. No pude conciliar el sueño, así que decidí ponerme a leer el libro que me regalo, ahora agradezco que Emi haya puesto mi cama cerca de la ventana, esta idea me desagradaba al principio ya que pensaba que alguien entraría por esa ventana y me mataría, ridículo lo sé, pero solo podía pensar en eso a mis 14 años y con una guerra sucintándose a pocos metros de mi. El libro no era muy grande por lo que lo acabe ese misma madrugada, pero vaya que tenía un contenido extraño, hombres lobos, brujas, fantasmas y una clase de infinidad de criaturas mágicas y mitológicas, la mayoría con fuerza sobrenatural, capacidad de leer mentes y manipularlas, pero de entre todas estas criaturas 2 llamaron mi atención, hombres lobos y vampiros, ambas criaturas diferentes y parecidas a la vez, ambos temerosos por la llegada de cierta parte del día, día o noche, con gran fuerza, agilidad y velocidad, pero ambos tan diferentes a la vez. Los vampiros conservaban su forma humana, pero aquellos que tenía un gran poder podían transformarse, eran extremadamente hermosos y podrían atrapar a su presa con solo hacer que esta los viera a los ojos, los hombres lobos por el contrario debían abandonar su forma humana cada luna llena o cuando no podían conservar su ira, son temperamentales y están condenados a transformarse de forma involuntaria si no logran tener un control sobre ellos mismo. Y otra característica que los unía era que ambos estaban condenados a vivir para siempre.
Vampiros. Criaturas malditas, bebedores de sangre para conservar su juventud y fuerza, forzados a vivir por la eternidad ¿cómo podría existir eso? muchas cosas descritas aquí coinciden, las marcas en el cuello, las mujeres drenadas de sangre, pero, ¡que sarta de tonterías! eso no puede existir, mejor dicho, no debe existir.
A la mañana siguiente y para mi sorpresa mi hermano seguía dormido al igual que Emi, por lo que decidí aprovechar esta oportunidad e ir a visitar a Gerard, tenía demasiadas dudas además ya es de día, el solo me prohibió no ir por la noche. Me vestí frenéticamente y ni siquiera desayune para dirigirme a su casa, al abrir la puerta note que había niebla y entonces sus palabras me vinieron a la mente ten cuidado con la niebla, trae muchos peligros, ¿pero qué peligros podría haber? ¿Vampiros? ¡Ja! como si eso existiera, claro que no y así decidí aventurarme, de nuevo había mujeres sin ni una gota de sangre, esta vez no me detuve a ver ya que ya he visto mucho esto. Seguí derecho. Ya se podía ver el bosque y entonces escuche a alguien gritar la encontré, no era una voz familiar, mire a mi alrededor haber si hablaban de alguien más, pero estaba yo sola en medio de esa niebla, no sabía si correr temerosa de regreso a casa o gritar lo suficiente como para que Gerard me escuchara, después de todo su casa no queda muy lejos, esto me pasa por no traer la espada conmigo. Me quede parada, pensando en que hacer y después una gran sombra se aproximaba a mí, observándome fijamente llamándome con una voz seductora la cual nadie podría resistir y tal y como me paso con Gerard sentí una especie de electricidad recorrer mi cuerpo, me sentía atraída por esta voz, en el fondo me resultaba muy familiar ¿pero de quien podía ser esta voz?, conforme me seguía nombrando mi mente quedo como hipnotizada y empecé a caminar, muy dentro de mi no quería ir con él, pero mi cuerpo no respondía, iba hacia él con paso torpe y después algo se le echo encima, la voz dentro de mi cabeza que me hacia ir hacia él se detuvo y quede algo torpe, como si me acabaran de dar un fuerte golpe en la cabeza, la cosa que se le echo encima a esta voz seguía peleando, diciendo cosas como «tú no te quedaras con ella» y «te has metido en mi territorio» poco después escuche como la voz que me había hablado se iba, mientras que la que me salvo se fue acercando a mí, su figura se hizo un poco más clara, pero otra voz entro mi cabeza y me dijo «duerme» me debilito y creo que me desmaye.
Cuando desperté estaba en una habitación desconocida, el sol había salido, la habitación tenía un empapelado color crema con algunos detalles en verde, a un lado había dos vasos uno con agua y el otro era una sustancia algo rara que olía muy mal, alguien golpeo la puerta y le indique que pasara.
- ¿cómo sigues Leila? -me dijo esa voz que me hacía temblar
- hola Gerard, dime ¿qué ha pasado?, me duele un poco la cabeza.
- La verdad no se qué te paso, pero te encontré desmayada cerca de aquí, así que te traje a mi casa, no podía dejarte en ese estado.
- Gracias.
- dime ¿recuerdas algo?
- un poco, solo... 2 figuras negras, ocultas en la niebla, disputándose por mí.
- ¿solo eso?
- ¿debería recordar más?
- no lo sé, pero si lo haces por favor cuéntamelo ¿sí?
- De acuerdo, por cierto quería preguntar algo.
- Ya vamos a empezar -murmuro para sí mismo pero lo pude escuchar-
- porque si tenía asuntos importantes ¿porque no incluyo a mi hermano?
- merecía un buen descanso Leila, creo que lo sabes, se ha esforzado mucho últimamente.
- tiene razón.
- ¿podrías dejar de hablarme de usted? me siento algo incomodo.
- claro, Gerard.
- Mucho mejor, ¿Que te pareció el libro?
- ¿cómo supo que ya había terminado?
- por la forma en que esta hojeado -dijo enseñándome el libro- pobre libro ¡lo maltrataste!
- pues perdón, no sabía que podía maltratar a un libro.
- no te preocupes, ¿encontraste algo interesante?
- Sí y no.
- explícate.
- muchas de las descripciones de los vampiros coinciden en lo que pasa, pero ¿Cómo puede existir eso? ¡Qué sarta de tonterías!
- ¿no crees que existan?
- claro que no, solo creeré hasta que vea a uno con mis propios ojos.
- ¿no te basto con lo de la mañana?
- ¿ese era un vampiro?
- si
- tonterías -dije sarcásticamente, aunque ya me lo estaba creyendo.
- Entonces, ¿Cómo explicas que se haya metido en tu mente?
- ¿y cómo sabes que hizo eso?
- porque te desmayaste cuando se fue.
- se supone que me encontraste después, así que no pudiste ver eso.
- mentí.
- ¿Tú me salvaste de... eso?
- así es.
- ¿eres uno de ellos?
- ya hiciste demasiadas preguntas, debería llevarte a tu casa.
- pues te informo que no me iré hasta que no me contestes.
- ¿no te puedes conformar con que te salve la vida y que los vampiros existen?
- sabes que soy muy curiosa, lo puedes leer en mi mente, así que por favor solo contéstame eso.
- si lo soy, pero no estoy con ellos.
- ya veo.
- entonces, ¿te doy miedo?
- ¿por ser vampiro? no, lo sabía, sabía que eras diferente.
- te equivocas en eso, a pesar de que no siga sus mismas causas mis instintos son iguales a los de ellos.
- tú no te atreverías a atacarme.
- Solo por ser amigo de tu hermano no significa que algún día te devore.
- sé que no lo harías.
Suspiro.
- debo darte un escarmiento.
Me asusto el tono en que lo dijo y cuando menos lo pensé el estaba a mi lado, con una media sonrisa macabra, emitió un sonido extraño y abrió su boca, mostrándome esos colmillos blancos, me tomo el pelo y me jalo hacia atrás, dejando al descubierto mi cuello, se acerco y sentí que me tocaba ligeramente con sus colmillos.
- hueles bien -inspiro mi aroma- se me hace agua la boca.
- y si huelo tan bien ¿Por qué no me devoras de una vez?
- quiero disfrutar el momento.
- está bien, ya aprendí la lección -me atemorice un poco al escuchar como dijo eso- ¿me puedes soltar?
- muy bien -me sostuvo y me sentó en la cama-no debes confiarte Leila, si llegaras a venir un día en el que tenga sed te puedo matar fácilmente -puso su mano helada en mi mejilla y la empezó a acariciar- ahora espérame un momento -cerro sus ojos y parecía luchar en su interior contra algo, después su expresión volvió a ser la de siempre- ya está.
- ¿guardaste tus colmillos?
- ni que fueran tus zapatos, mis colmillos siguen donde están- sonrió, sus colmillos volvían a ser como los de un humano.
- De acuerdo, te creo -me quede viéndolo fijamente- tus ojos ya no están opacos.
- estaban así porque estaba sediento.
- ¿Lo tuyo es como si yo no me alimentara correctamente?
- Exactamente
- ¿bebes sangre?
- si
- ¿humana?
- no está en mi naturaleza, pero desafortunadamente debo beber por lo menos una vez al año o me debilitaría bastante.
Me empecé a preocupar por este hecho, ¿Qué tal si venía en un día que esta sediento? Apuesto a que no soportaría tener a una presa justo a su alcance, podría matarme.
- no te preocupes no te matare, mi misión es protegerte.
- ¿Qué? ¿Tú debes protegerme?
- se lo prometí a Joseph -dijo algo nervioso.
- Bueno, creo que ya sé que días no debo venir -me miro con curiosidad esperando que siguiera hablando-, cuando tus ojos estén opacos, es cuando estas sediento ¿no? O eso me dijiste.
- Muy bien, veo que tú si escuchas y lees bien, no como tu hermano, un día vino sabiendo que tenía sed, me falto poco para comérmelo.
- Pero no lo hiciste, me sorprende su resistencia.
- me alegra que te sorprenda, pero cualquier día puedo fallar así que ten cuidado conmigo-me dedico una hermosa sonrisa que hizo que me sintiera torpe- ¿lista para regresar a casa?
- aun no, tengo muchas preguntas.
- lo sé, recuerda que puedo leer tu mente, pero ya ha sido mucho en un día, mañana puedes regresar.
- de acuerdo.
- solo no tan temprano ni cuando haya niebla, es cuando les gusta salir, además quiero que llegues bien, vámonos.
- puedo ir yo sola a mi casa.
- no te estoy pidiendo permiso, además debo ver a Joseph.
- está bien.
Recogí mi abrigo y lo tercie en mi hombro, bajamos las escaleras y pude ver la estancia de la casa de Gerard, era muy amplia y luminosa, pero toda la casa era para dos personas, ¿alguien más vivía con él?, pero si no hay nadie.
Salimos al portón y el sol estaba resplandeciente, entonces recordé una parte del libro "si un vampiro sale al sol muere instantáneamente", le dirigí una mirada a Gerard y él me la devolvió, supuse que hurgaba en mi mente.
- eso es mentira.
- ¿no te pasa nada?
- muchas cosas de los libros de vampiros son mentiras, te lo di para que supieras a lo que te enfrentaras -salió del portón y le dio la luz, no le paso nada, dirigió su vista al cielo, su piel blanca centelleaba contra el sol, supongo que es por su tez pálida- no tiene caso que gocemos la vida eterna si no podemos disfrutar de ella ¿o sí? Y supones bien con eso de mi piel.
Después una ráfaga de viento sacudió mi pelo y cuando menos lo pensé me hallaba en la espalda de Gerard.
- sé que no lo toleras Leila, pero llegaremos más rápido así.
- me gustaría que no hurgaras mucho en mi mente, es incomodo, además me gusta decir las cosas por mí misma.
- de acuerdo, será mejor que cierres los ojos o te marearas, hare movimientos demasiado rápidos para tus ojos.
- ¿usaras tu velocidad sobrenatural?
- por algo te estoy cargando.
Apoye mi cara en el hombro de Gerard y cerré los ojos, empecé a sentir el viento recorrer mi rostro, supuse que el ya se estaba moviendo, me dio algo de curiosidad y abrí los ojos, todo lo que veía eran borrones grises, no me maree -bueno en esos momentos-, y decidí ir con los ojos abiertos haber si lograba ver algo, pero solo estaban esos borrones, cuando menos lo pensé ya estábamos en frente del refugio, me puso en el suelo y me dedico una sonrisa, de nuevo me sentí torpe, pero esta vez no solo era por eso, sino porque realmente me había mareado, me estaba cayendo y Gerard me sostuvo de mi cintura con una mano.
- te dije que cerraras los ojos.
- perdón, me dio curiosidad.
- Joseph tenía razón, tu curiosidad te llevara a la perdición.

